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El negocio de la sobrevida
De: Fernando Mieres
Los mejores negocios son aquellos que pasan desapercibidos a pesar de que resultan muy rentables.
El ser humano se caracteriza por no ver ni lo microscópico ni lo macroscópico. Parece paradójico, pero es así. Cuando algo es demasiado grande, es invisible.
En algún momento alguien se dio cuenta de que lo mejor que le puede pasar al producto bruto interno (PBI) de un país, es que la gente viva la mayor cantidad de años posible. Las ventajas son:
1.- Todo el mundo va a estar de acuerdo. (¿Quién no quiere ser longevo?)
2.- Las personas cuando se aferran a la vida también se aferran al dinero porque saben que los últimos años son de baja productividad, ya que estarán cansados, enfermizos, cortos de vista, sordos, lentos.
3.- La austeridad previsora del adulto joven incluye gran laboriosidad (son trabajadores motivados, rendidores, cumplidores, temerosos de un despido, obedientes) e incluye también la contratación de seguros de vida, el aporte a institutos previsionales, servicios de medicina prepaga y depósitos en los bancos que éstos sabrán prestar con importantes ganancias.
4.- El anciano achacoso y longevo es alguien que sólo consume, preferentemente en el área de la salud, la cual contrata mucha mano de obra directamente (servicios de compañía, médicos, enfermeros, administrativos) e indirectamente (locomoción, servicio doméstico, más todos los consumos de quienes trabajan en la ya mencionada atención directa).
Quizá la persona que se dio cuenta de este fenómeno comprendió que así como es rentable la prematuridad de la especie humana —ya que el niño y el joven son grandes consumidores porque son débiles, frágiles, dependientes y llenos de deseos y necesidades—, también es rentable la sobrevida, por más artificial y de baja calidad que sea, porque una persona, cuanto más dependiente es, más consume, ya sea porque tiene un cuerpo muy anhelante (como el de los niños y jóvenes) o muy vulnerable (como el de los ancianos).
Es probable que muchos piensen que el aumento en el promedio de vida es un logro de las ciencias médicas que trabajan denodadamente por el bienestar de la especie, cuando en realidad es un logro de las ciencias económicas que trabajan denodadamente para maximizar la rentabilidad de los capitales.
Convengamos en que de todos modos es un logro que se merece un aplauso.
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